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El LADO TURBIO DEL MP3

La gente que me conoce un poco sabe que tengo un lado oscuro. El problema es que no saben, ni se imaginan cuan lejos me dejo llevar por la tinieblas. Tranquilos, por supuesto, no es nada realmente peligroso, ni nada que se salga de la seguridad del hombre blanco de clase media. No me refiero a ninguna actividad de riesgo, al menos físico. Y no, no tengo un secreto demasiado escabroso, no os excitéis demasiado, nada de polvo blanco en aseos de suelo pegajoso y mugriento, ni sexo ilícito en oscuras habitaciones traseras. Me refiero a un secreto más o menos a voces: mi pasión desbocada por la música basura, completamente “uncool”, abrazándola sin complejos y sin ningún tipo de patina sarcástica o irónica. Desde el Emo flequillero adolescente (Pierce the Veil, Panic at The Disco, Paramore...) hasta el R´n´b más pastelón (Brandy, Aaliyah...) pasando por todo tipo de artistas que seguramente te parecerán infumables (Justin Bieber, Bruno Mars, Taylor Swift, Ke$ha,etc..).

A veces, como cualquier adicto, me doy cuenta de que la cosa se esta yendo de madre, y me siento como el yonki recogiendo colillas de las papeleras. O el borracho que va rebañando latas por la calle un domingo por la mañana, a la búsqueda casi siempre infructuosa de esa pequeña mierda que le mantenga en el filo, que te ayude a continuar la caída hasta lo más bajo. Así es como me siento cuando llevo una hora escuchando la lista de éxitos de cualquier emisora comercial, tragando morralla insufrible, a la espera de esa canción que quien sabe porqué motivo me gusta. (En el momento que escribi esto mis colillas o latas calientes musicales eran Taylor Swift, “We´re never ever getting back together” y Justin Bieber,Beauty and the beat”.)

Me refiero a estas canciones de una manera bastante exagerada comparándome con el yonki, el borracho o el Michael Douglas adicto al sexo, más que nada por la opinión general acerca de este tipo de canciones, refiriéndose a ellas como basura de usar y tirar, especialmente en ciertos círculos y escenas “alternativas”. Pero la verdad es que a nivel personal no me supone ningún problema, me dejo llevar por lo que me gusta sin complejos, prejuicios o ataduras. Mi vida esta tan llena de reglas y leyes que debo cumplir para seguir en este lado de la sociedad, en el lado sano, estable, formal, amable, blanco y heterosexual, que porque voy a ponerme trabas a mi mismo en uno de los pocos aspectos que esta sociedad nos deja ser libres. ¿No?

Porque, puestos a elegir que prefiero escuchar, en la burbuja digital esta, en la que todos somos especiales, únicos en nuestros gustos, cuando realmente es todo lo mismo; música es música, tan simple como eso. ¿Que eliges? Saber que esa canción estúpida que sin embargo te gusta, la escucha también el gordinflón con granos que te cruzas todas las mañanas, la vecina del quinto, el albañil del andamio en la radio y la abuela en el coche camino al super. O tal vez prefieres pensar que tus gustos son superiores a todo eso. Quizá seas de los que tus gustos son exquisitos, que solo gente como tu, blanca, de clase media como el 'hipster' de gorro de lana en verano o la chica 'vintage' con gafas falsas pueden entender o compartir. Pues nada, disfruta en tu burbuja pero vamos, si todavía no te ha quedado claro, aquí te dejo con una cita del dramaturgo inglés Dennis Potter, que si lo tenia muy, muy claro y lo expresa infinitamente mejor que yo: 

 “Cuando la gente dice: `Escucha! Están poniendo nuestra canción´ ellos no quieren decir: `Oh nuestra canción, este pequeño pedazo de basura, barata, brillante y sincopada, es lo que sentimos cuando nos conocimos.´ Lo que están diciendo es: `Esa canción me recuerda la tremenda emoción que sentí cuando te conocí´(...) Incluso las canciones más cutres están conectadas directamente con los Salmos de David. Lo que esas canciones dicen es:`Escucha, el mundo no es siempre así, el mundo es algo mejor que todo esto, hay amor en el, estamos tu yo en el, el sol brilla aquí.´ La llamada gente estúpida, la gente simple, la gente sin estudios, tiene una dimensión en sus sentimientos, tan autentica y profunda como la gente con mejor educación del mundo. Y cualquiera que diga algo diferente es un fascista.”


 IAN BREAKWELL
LA VIDA ES DEMASIADO CORTA.


 Vine sin ninguna expectativa a ver la exposición antológica de Ian Breakwell en el De La Warr Pavillion de Bexhill-On-Sea. Era uno de esos días de invierno en los que todo el mundo esta trabajando, el clima es horrible y no me atrevo a irme con la bici por ahí y tampoco me apetece quedarme en casa. Así que lo que hago de vez en cuando es coger un tren e irme a alguno de los pueblos de los alrededores, a dar una vuelta y refugiarme en algún museo. El pabellon De la Warr no es exactamente un museo, seria lo que se llama ahora edificio multidisciplinar. Es un edificio de estética modernista, curvado, sugerente y acogedor, lleno de ventanales que abrazan toda la luz posible que estos cielos grises permiten; y consta de sala de conciertos, cafetería, y un par de salas de exposiciones. “Keep things as they are”, la exposición antología de Ian Breakwell, es la mas completa exhibición de obras del artista y ocupaba ambas salas del edificio.

Ian Breakwell se definía a si mismo como diarista, y aunque su obra abarca todo tipo de disciplinas (pintura, fotografía, collage, instalaciones, narrativa...), sus diarios fueron los que le otorgaron mayor notoriedad y que llevo a cabo hasta sus últimos días, antes de morir de cáncer en 2004. Sus diarios ocupan gran parte de la sala principal, agrupados en grandes murales, formados por una combinación de textos y collages fotográficos. Resultaban interesantes visualmente, agrupados de manera conjunta y con las paginas formando murales, pero era difícil de leer de esa forma y juzgados simplemente como collages, tenían un aire de arte pop, quizá un poco anticuado. 

Sin embargo “BC/AD” (“Before Cancer/After Diagnosis”, antes del cáncer/después de la diagnosis) me impresionó. Esta fue su ultima obra importante antes de morir y lleva su condición de diarista hasta las ultimas consecuencias. La idea es bastante simple: en una habitación a oscuras vemos proyectados primeros planos de la cara del artista desde su infancia hasta sus últimos días; las fotografías se van superponiendo, mezclándose una con la otra. Mientras vemos estos primeros planos de Ian Breakwell, creciendo en las fotos, y yendo hacia una conclusión, inesperada para el en el momento que esas fotos fueron tomadas, escuchamos al propio artista narrando su día a día. Desde los primeros síntomas de la enfermedad, escuchamos en silencio y a oscuras como la respiración se le hace cada vez más débil y difícil, narrando como la enfermedad se va apoderando de todo, sin perder la ironía y con toques de humor, y lleno de momentos de belleza y dignidad. Paulatinamente se hace muy difícil de escuchar, especialmente en los últimos minutos de la narración, en las que los días se repiten, llenos de aburrimiento, del lento ritmo de la enfermedad, de la muerte llamando a la puerta. Tal vez uno de los momentos más sobrecogedores es cuando le escuchamos contarnos, con un débil hilo de voz y una respiración rota, la muerte de su gato que anuncia, como una profecía, lo irreversible. La hora de duración de la proyección ayuda a crear esa atmósfera agónica de una enfermedad terminal, en la que al final solo deseamos por el bien de todos, que acabe el sufrimiento. Quizá se podría acusar al artista de convertir su enfermedad en una especie de exhibicionismo morboso. Pero aunque como ya he dicho, la ultima parte de la narración resulta muy difícil de escuchar, creo que hay un mensaje positivo en esta obra. Tanto en los momentos de belleza y humor, que Ian Breakwell sabe ver en las pequeñas cosas incluso en una situación como la suya, como en la sensación que provoca a quien contempla “BC/AD”. Que sale de vuelta a la realidad lleno de amor por la vida, apreciando cada momento y cada gota de salud, como si pudiera ser el último, apreciando lo que tenemos sin dar nada por sentado. Otro detalle brillante de la instalación es que justo a la entrada podemos leer el poema de BreakwellFifty things worth getting up for”. Leído sin ningún tipo de referencia segun se entra resulta curioso, bonito, pero a la salida, después de haberlo escuchado en el hilo voz del propio autor, luchando con la enfermedad, adquiere una belleza casi mística, existencial.


50 RAZONES PARA SALIR DE LA CAMA
por Ian Breakwell.

Cuando me despierto estoy tumbado y pienso lo que George Brecht me dijo una vez, que nada se gana necesariamente saliendo de la cama. Así que decido que si de manera espontanea puedo nombrar cincuenta cosas por las que merezca la pena levantarse, entonces lo haré. Aquí va:

El cielo azul con estelas de vapor tornándose doradas por la puesta del sol.
Una tela de araña iluminada por detrás en la ventana de la cocina.
Un poste luminoso a media noche en una calle desierta.
El solo de Lionel Hampton en Stardust.
Una Guinness recien puesta, reposando en el bar.
Una mariposa blanca sobre una buddleia purpura.
Mi gata ronrroneando contra mi oído, su respiración en mi cuello.
Mi gata completamente estirada iluminada por el sol.
Un huevo pochado en una tostada de pan de soda
El solo de Clifford Brown en “September Song” de Sarah Vaughan.
El recuerdo de la primera vez que vi reír a Felicity.
El “Yeaaahh!” de Bessie Smith.
Un correlimos recorriendo el filo de una ola.
Un millón de estrellas en la Vía Láctea.
Oscuridad total. Las luces de un coche en lo alto de la colina iluminan un pino en una cortina de luz descendente. De nuevo oscuridad absoluta.
Un gavilán planeando.
Una trucha de mar saltando.
Un cormorán sumergiéndose.
Ganar un set 6-0 sin perder un solo punto. Y solo hace cinco años de esto, ahora no podría ni terminar un juego.
El gato lamiendo leche.
Un atardecer rosa.
Nutrias al amanecer.
Fucsias en flor.
Atardecer en el campo de cricket en el último partido de la temporada. La niebla se adentra lentamente.
Te Earl Grey Oolong.
Miles de aves migratorias girando en el cielo sobre el estuario. Un momento una masa oscura, al siguiente se hace invisible con el reflejo de la luz.
La primera caña de la temporada de pesca.
El sudor enfriándose después de haber hecho el amor.
Hígado de cordero frito con ensalada verde.
Mejillones a la mariniere
Estofado de rape
Los hoyuelos de su espalda
Un mújol gris girando en los bajíos del estuario.
Un cigarro liado de Golden Virginia.
Un largo baño caliente.
Gintonic.
Whisky caliente, limón, clavo y miel.
Un cafe expresso Gaggia.
Una cerveza Marstons Pedigree.
Dúo de mirlos cantando.
El coro del amanecer.
Luna llena sobre el agua.
Ternera a la sal en pan de centeno con mostaza y pepinillo
Un martini dry.
Un passing shot de volea.
Te lapsang Souchong.
Manzanos en flor.
Mi estudio en la luz de la mañana.

Pues eso hace cincuenta y me destapo, pongo los pies al lado de la cama y me pongo de pie.
Cientos de punzadas de luz parpadean delante de mis ojos, la bilis sube
desde mi estomago a mi garganta, y una ola de nauseas me hace sentarme de nuevo en la cama, tragando bocanadas de aire. Y entonces otro dia, como este, empieza.












ALAN´S WAR
THE MEMORIES OF G.I.ALAN COPE
ESTELAS DEL NUEVO SUEÑO TRANSAMERICANO

por Ariel Pintor.


Hacia años que un cómic no me aferraba el corazón y lo exprimía en su puño; no de esta manera.
Creía que estaba leyendo las memorias del ex-soldado Cope; enviado por EEUU a Europa hacia el final de la 2da guerra mundial, y por lo tanto alguien cuya experiencia y visión del conflicto se me antojaba, en principio, diametralmente opuesta a las fantasías bélicas de un soldado Ryan, o del Sargento Rock, o de cualquier conmemoración ortodoxa y por lo tanto predominantemente sangrienta, de aquellos años en los que el ‘viejo mundo’ parecía estar haciendo todo lo posible por suicidarse.

Creía que la intención de su autor, Emmanuel Guibert era básicamente plasmar los recuerdos de un simpático viejecito de pasado interesante cuan ya lejano. Un viejecito que el dibujante galo había conocido por casualidad un día de verano y con quien, tras entablar amistad, había acordado colaborar para realizar “Alan’s War”, híbrido de cómic, memoria histórica y (faceta esta ya mas inusual, revelada solo hacia el final de las 300 paginas que componen la edición integral) tratado filosófico-existencial.

Creía que iba a leer esta, para definirla a través de esa denominación contemporánea mas bien pedante, novela gráfica, para acto seguido archivarla como enésima lectura efímera, cosa que ocurre a menudo con los comix que leo desde hace ya tiempo. Algo que creo les pasa a bastantes lectores y lectoras de mi quinta, que se beneficiaron de la breve eclosión del medio hacia horizontes mas ambiciosos durante los 70 y 80, antes del apogeo de la era 'internautica'. El Eternauta perdió la contienda.

Vuelvo de los cerros de Ubeda. En cambio, aquí estoy varias semanas después del ya mencionado apretón de corazón, buscando definir porque AW me ha afectado tanto. Eran como las seis de la mañana de un día de fiesta y no conseguía dormir, así que me dispuse a terminar el tomo que llevaba ya unos días entre manos. Algo después, despertaba a mi mujer con un sollozo que simplemente, no lograba contener. Porque el cómic de Guibert me tendió una emboscada, completamente por sorpresa. Intento explicar en que consistió esa emboscada, y me cuesta, sea por lo inesperada que por lo esencial. Esencial, ya que la lectura de este cómic conlleva asimilar la narración de Alan Cope, y también algo mas. Algo mas que definiría como una llamada de atención a nuestra conciencia individual, social e histórica.

Quien dijo pedante. Pero, ¡es cierto! Este cómic, con su aparente sencillez gráfica (tinta a blanco y negro, paisajes a menudo esbozados, figuras enmarcadas por sendos vacíos blancos; simulacro este del limbo de la memoria, quizás) y su benévolo y tranquilo narrador, alberga una profunda sutileza, ya que conduce gradualmente al lector a una reflexión intensamente intimista. Cada paso ulterior por la biografía de Cope nos lleva finalmente hasta la esencia misma del valor que cada uno podemos achacar a nuestros propios recuerdos. Su lectura nos lleva a considerar el modo en que la identidad individual de cada cual queda plasmada a través de los recuerdos. Y eso convierte a este cómic, documento de las memorias de un individuo, en un documento sobre el acto mismo de recordar. Documento que consigue rizar el difícil rizo de permitir al lector mirar hacia adelante, al futuro, a través de una profunda reflexión sobre el pasado.  


El guion de “Alan’s War”, publicada inicialmente entre 2000 y 2008, es el resultado de horas de conversaciones entre Guibert (París, ’64) y el ya fallecido Cope (Alhambra, CA ’25 - París ’99), mantenidas a lo largo de cinco años de amistad que unieron al dibujante francés y el transplantado traductor-interprete-oficial de notaria californiano, quien llego a Europa por mano del tío Sam y decidió intercambiar el sol del Pacifico por el del Mediterráneo.

Con el epígrafe de Cope citando esa obligación civil de juventud, empieza la narración: “Uncle Sam told me…”. Y Guibert traba la primera trampa, ya que el lector prejuicioso como yo enseguida ficha a Cope como el típico yanqui patriota entusiasta. En cambio, a lo largo de esa narración, el soldado Cope sorprende al lector una y otra vez con pequeños actos de curiosidad, ternura y sagaz observación de la variada humanidad que encuentra a su paso. Actos que nada tienen que ver con el patriotismo o la violencia. Sin embargo, la gráfica suave de Guibert no fuerza ninguna perspectiva, no moraliza o se regocija cada vez que desequilibra las expectativas del lector. Descubrimos la riqueza y complejidad de la personalidad de Cope de la misma manera que Alan Cope, 20añero sin complicaciones, se convierte en el Alan Cope cincuentón, con dos tercios de su vida a las espaldas y apenas entonces comenzando a comprender el significado real del dicho ese de “solo se que no se nada”. Como ese ultimo autorretrato de Goya, decidido a seguir aprendiendo a pesar de la vejez: a las puertas del cementerio, pero “aun aprendo”, aun aprendo.

Descubrimos la potencial riqueza del mundo y de la experiencia vital de un individuo, así como la descubre Alan: gradualmente, de manera natural, y ademas sin respuestas claras o moralina barata, al estilo preferido de las fabricas de sueños de hoy en día. En vez que ofrecernos como colofón una sentimental reflexión hollywoodiense (el soldado Ryan en el cementerio de Colleville), es justo cuando Cope alcanza la mediana edad que la cosa se empieza a calentar. Porque lo que nos deja claro esta novela gráfica / histórica / biográfica, es que la historia no la escriben ni vencedores ni vencidos, si no todos los demás. La banda sonora de los grandes cataclismos de la humanidad no es una pomposa zarabanda germánica, si no el creciente e inexorable murmurio de millones de individuos confusos e inciertos. No una coral de banales leyes 'universales', si no un crescendo minimalista compuesto por billones de pequeñas epifanías, encuentros y desencuentros, callejones sin salida, sueños que quizás pudieron ser, brevemente, realidad. Y esa aplastante sensación de que lo que vamos buscando, ya lo dejamos hace tiempo atrás; o quizás este justo a la vuelta de la esquina. O simplemente delante nuestro, donde siempre ha estado.

Esto es lo que dio de si la experiencia vital de Alan Cope, y yo agradezco a Guibert su buen hacer como oyente, no solo como dibujante. Otra cosa que transmite esta obra, es la sensación de que estamos escuchando un dialogo entre amigos. Y esto, sin oír en momento alguno la ‘voz’ del autor, excepto a través de los trazos de su lápiz. Esos trazos que destilan y plasman la empatia de un joven europeo con un anciano norteamericano, para así completar el arco de ese proceso que comienza en la California de los años 40. Un mundo no tan lejano pero que a pesar de ello, parece ya producto de una ciencia-ficción. Otra de las muchas cosas que impactan de “Alan’s War”, cómic del siglo XXI: lo pequeño que se ha quedado el mundo en el poco más de medio siglo trascurrido desde la llegada de Cope y el ejercito estadounidense a Europa. 
Al contrario de la mayor parte de sus compañeros y de los exhaustos supervivientes, ansiosos por entregarse al Gran Sueño americano a cambio de esa frágil paz capitalista en que vivimos, el encuentro con el viejo mundo convierte al despreocupado Californiano en un curioso amalgama de hombre renacentista transatlántico. Empujado por ese dinamismo que caracteriza a tantos de sus compatriotas, moldeado y tallado por las inquietudes existenciales que recogerá en una destrozada Europa, Cope es testigo de la implosión del iluminismo, su transformación en algo mas complejo e incierto. A pesar de ello, puede ver con claridad, la claridad del extranjero, los tesoros que yacen entre las ruinas. Las ruinas de ese viejo mundo, cuna y caudal de la corriente imparable de la Historia, con mayúscula (y con disculpas a Olduvai, Bagdad, Pekin, y otras cunas globales...).

En resumen: pausadamente devastador, como les gusta describir a los ingleses obras que parecen tranquilas, y de repente te atenazan el corazón, sin apenas darte cuenta. Si no sentís un arrebato de estos al alcanzar la resolución de la amistad de Cope con la pareja Gerhart Münch/Vera Lawson, en la que Guibert utiliza un segundo medio gráfico para dar aun mas garra a su reflexión existencial, es que estáis falt@s de vitaminas, o alma, o corazón. Sin duda pongo este “Alan’s War” a la altura de los usuales pilares del genero: Moore, Spiegelman, el “Paracuellos” de Giménez, etc. Avisaos quedáis.



ALOHA / CALE PARKS
MI GRUPO FAVORITO QUE NUNCA HAS ESCUCHADO.
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Siempre me vuelve loco cuando alguien me hace la clásica pregunta de “¿Cual es tu grupo favorito?”. Nunca se muy bien que contestar, y siempre me acaban viniendo a la cabeza los grupos de mi adolescencia: Led Zeppelin, Aerosmith, Guns n´Roses... Aunque muchos de esos discos no los he escuchado en años, me marcaron emocionalmente y es una buena forma de explicarle a cualquier persona que soy un tío “del rock” . Aunque si me pusiera a pensar por un momento (cosa que no hago muy a menudo), tendría que decir que Aloha son mi grupo favorito.


A día de hoy, aunque sigo disfrutando de la música a diario, de pocos grupos me considero fan; fan del tipo que eres cuando tienes 17 años y piensas que los discos están hablándote a ti. Hablando de ti y para ti.
Y Aloha son mi grupo favorito, por diversas razones personales que no vienen a cuento pero que, sin entrar en mucho detalle, tienen que ver con rupturas amorosas y sentimentales, y epifanías de todo tipo producidas por la escucha compulsiva de “some echoes” (su ultimo disco hasta la fecha) durante un horrible y helado invierno inglés. Otras razones son mas objetivas, o al menos a mi me lo parecen, y te vienen más a cuento, querido lector. Canciones con una carga lírica de profundidad, y una belleza expresiva notable. Sensibilidad y destreza musical, sin abusos ni alardes, junto a quizás uno de los letristas y cantantes más personales y poéticos del Indie rock norteamericano, Tony Cavallario. Solo por eso el amigo Cale Parks se merecería una estatua, una con una inscripción que dijera: “Cale Parks, tipo extremadamente flaco y cool, baterías y marimba en Aloha”. Pero es que la cosa no se queda ahí. Cale Parks ha desarrollado una carrera como artista en solitario, en la que hasta la fecha ha publicado dos álbumes y un Ep con un estilo más electrónico y ambiental, música de auriculares y ordenador portátil. Aun así, la belleza lírica y existencial de Aloha está también presente. Por si todo esto que te he dicho fuera poco, este hombre ejerce o ha ejercido de músico de alquiler/mercenario en decenas de proyectos: Yeasayer, White Williams, Passion Pit, Joan Of Arc,etc... vamos, que este tipo se merece una entrevista! Ya te lo digo yo.

La pregunta del millón de dolares! XD ¿Sois Aloha todavía una banda, seguís activos?¿Tenéis planes de hacer gira, quizá un pequeño tour de reunión? Creo que cada uno de vosotros vive en una parte diferente de EE.UU.¿Sigues en contacto regular con los otros miembros? Que están haciendo ahora mismo, ¿siguen involucrados en la música y en grupos?
Aloha no estamos activos ahora mismo, pero no nos hemos separado. Nos tomamos grandes descansos, hacemos otras cosas, familias, carreras, etc.. Siempre compartiremos música juntos. No hay planes de ir de gira por el momento. Los otros miembros tocan ocasionalmente con grupos de donde viven. Seguimos todos en contacto.

¿Consideras Aloha “tu banda”, como cuando uno empieza a tocar con varios grupos, pero siente que pertenece a una banda? Como si fueras parte de una pandilla o algo así, ¿o es simplemente otro proyecto del que formas parte?
Aloha estará siempre en mi corazón. Crecimos juntos pero no hay algo que sea “mi banda”. Hay ciertos músicos con lo que siento una conexión genuina en la vida y en la música. Cuando estoy tocando con esos músicos, soy parte de esa banda.

Pareces siempre muy ocupado, tocando con diferentes grupos, editando discos en solitario, etc.. Resulta bastante difícil seguir la pista de tu carrera artística. ¿A que te dedicas ahora mismo? Me pregunto si el estar involucrado en estos proyectos diferentes es debido a que eres un tipo muy creativo, o si viene de una necesidad de llegar a fin de mes, de ganarse la vida.
Ahora mismo estoy tocando la batería con Yeasayer y componiendo material en solitario. No tengo planes de actuar en solitario o girar otra vez. Soy un músico, es lo que hago, es lo que amo, por eso me involucro tanto. Si me pagan por ello, fantástico. Tocar con solo las tres mismas personas toda tu carrera puede ser monótono y limitador.

¿Eres músico profesional a tiempo completo o tienes que hacer algún trabajo extra cuando no estas de gira? ¿Te ves a ti mismo trabajando como un músico de gira o tocando en bandas en 15/20 años?
Soy ahora mismo un músico a tiempo completo, profesional y adulto, aunque algunas veces, te toca hacer trabajos extra, son cosas que pasan. Por supuesto que me veo tocando en 15/20 años!

Aunque Aloha no sea la banda más popular del planeta, de hecho creo que estáis totalmente infravalorados, parece que tenéis un grupo de fans extremadamente leal. Por mi experiencia, la poca gente que escucha vuestros discos, creo que, como yo, sienten una fuerte conexión emocional con la banda. No es el tipo de música que escuchas de fondo o del que dices “no están mal”. Es el tipo del que te consideras fan. ¿Cual crees que es la razón? ¿Has pensado alguna vez sobre ello?
Creo que hicimos/hacemos música muy buena. Soy feliz de que a la gente le guste. No es mi función decir porque alguien conecta con algo. En este caso, yo solo ayude a crear ese algo.

Pregunta de freaki de la batería: Tu eres uno de mis baterías favoritos de la actualidad, creo que tienes una técnica increíble y al mismo tiempo eres muy original y único en la forma en que tocas el instrumento. Pero escuchando tus discos en solitario, que están bien y me gustan, estos están más orientados hacia la música electrónica/ambiental, especialmente el ultimo. Y bueno, me pregunto si es que estas aburrido del instrumento, ¿o todavía sigues disfrutando dándole a la batería? ¿Has pensado hacer un disco en solitario centrado más en baterías acústicas, más “rock”?
Gracias, hombre. Nunca me aburrirá tocar la batería. Me enamoro de ella cada vez que me siento detrás de un kit. Sin embargo, escuchar a baterías rock para mi es diferente a tocar. Los baterías rock resultan con frecuencia aburridos de oír. Hay veinte baterías de rock que me inspiran y la mayoría de ellos son de los años sesenta y hasta los ochenta.
Y luego, yo vengo de un pasado Jazz. La rítmica, la precisión y las capas y en general, todas las posibilidades que ofrece la música electrónica, son simplemente más interesantes que la forma de tocar la batería contemporánea. Cuando compongo mi música en solitario, desconecto de Cale el batería. No me siento e intento componer un ritmo rock molón, nunca. Yo prefiero crear una variedad tonal y ambiental con el teclado. Muchas veces hago ritmos electrónicos y a veces sin ningún tipo de ritmo. En otras ocasiones mezclo electrónica y baterías acústicas.
Algunos de mis baterías favoritos: Jack DeJohnette, Bill Bruford, Phil Collins, Elvin Jones, Stewart Copeland, Michael Shrieve, Tony Allen, Roy Haynes, Jeff Porcaro, Mick Fleetwood.

Para terminar podrías recomendar un disco, una película y un libro que hayas disfrutado últimamente:
Disco : Brian Eno, “Another Green World” ha estado en rotación otra vez ultimamente.
Película : "Withnail & I", una de mis películas favoritas, vuelvo a ella en días lluviosos.
Libro: “Chic. Everybody dance : The politics of disco”



Numero 3 ya "en las calles" con entrevista a Cale Parks de Aloha, articulos sobre Ian Breakwell y "Alan´s War" y mis chorradas habituales. Ponte en contacto si estas interesad@.